Ha pasado. Puede haber sido un roce sin herida o algo más serio, con otro perro o con una persona. Estás con el susto en el cuerpo, alguien te está diciendo lo que tienes que hacer y probablemente no sea el mejor momento para tomar decisiones. Vamos por orden.
Lo primero: separar y atender
Separa a los implicados sin meter las manos entre medias y sin gritar. Atiende a la persona o al perro herido, por pequeña que parezca la lesión: una mordedura se infecta con facilidad y siempre debe verla un profesional sanitario o un veterinario.
Intercambia datos con la otra parte con calma. Y no castigues a tu perro en ese momento: no va a entender por qué, y si lo que había detrás era miedo, acabas de sumar un motivo más.
La parte administrativa
En Cataluña, una mordedura no es solo un asunto entre particulares: hay obligaciones de comunicación y un periodo de observación veterinaria del animal, y la normativa municipal puede añadir sus propios pasos.
Lo que conviene hacer el mismo día es llamar a vuestro veterinario, que conoce el procedimiento y os dirá exactamente qué toca, y consultar en el ayuntamiento qué comunicación corresponde. Podéis empezar por nuestra guía de normativa de perros en Cataluña, pero para un caso concreto la referencia es siempre el veterinario y el ayuntamiento.
Y guardad todo: partes médicos o veterinarios, fotos, datos de testigos. No por desconfianza, sino porque después nadie recuerda bien.
Lo que no hay que hacer
- Decidir en caliente. Las primeras 48 horas son las peores para tomar una decisión sobre el futuro del perro.
- Prometer que no volverá a pasar sin cambiar nada. Si no se toca lo que lo provocó, la probabilidad no baja.
- Empezar a castigar los avisos. El gruñido es información. Un perro al que se le quita el gruñido no es un perro más seguro: es un perro que avisa menos.
Por qué muerde un perro
Casi nunca «de la nada». Antes del mordisco hay una escalada que se puede leer: el cuerpo se pone rígido, la mirada se congela, se aparta, gira la cabeza, enseña los dientes, gruñe, lanza un mordisco al aire. Cada uno de esos pasos es una petición de que la situación pare.
Cuando decimos «no avisó» casi siempre significa que no supimos verlo, o que aprendió que avisar no servía de nada. Reconstruir qué pasó en los diez segundos anteriores es la parte más útil de una valoración.
Qué viene después
Una valoración veterinaria para descartar dolor o un problema médico, porque un perro que duele tiene la mecha muy corta. Y a partir de ahí, un trabajo de conducta que empieza siempre por lo mismo: gestionar el entorno para que la situación no se repita mientras se trabaja el fondo.
Un incidente no convierte a un perro en peligroso ni obliga a renunciar a él. Lo que sí hace es marcar el momento en que hay que dejar de esperar a que mejore solo.