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Por 3 min de lectura

Ansiedad por separación en perros: cómo se reconoce y cómo se trabaja

Perro solo y tranquilo tumbado en la hierba a contraluz, al atardecer

Sales cinco minutos a comprar el pan y al volver te encuentran la puerta arañada, un cojín reventado y un vecino que te pregunta, con la mejor intención, si tu perro está bien. Y lo peor es que la semana pasada aguantó tres horas sin problema.

La ansiedad por separación no va de horas. Va de lo que ocurre en los primeros veinte minutos.

Cómo se reconoce

Casi todo pasa en la primera media hora tras la marcha: vocaliza sin parar, araña puertas y ventanas —las salidas, no cualquier mueble—, se hace sus necesidades aunque esté educado, jadea, babea o da vueltas sin parar. Al volver, no es solo alegría: es descarga.

El primer paso no es contratar a nadie: es grabarlo. Deja el móvil apoyado, sal, y mira los primeros treinta minutos. En una tarde vas a saber más que con cualquier consejo, incluido este.

Lo que se le parece y no lo es

  • Aburrimiento. Destroza, pero repartido a lo largo del día y sin angustia. En el vídeo se le ve tranquilo, y luego se levanta y la lía porque no tiene otra cosa que hacer.
  • Cachorro sin hábito. Todavía no ha aprendido a estar solo. Es más fácil de resolver y conviene hacerlo ya.
  • Un ruido de fuera. Obras, una alarma, un perro del rellano. Ladra a algo concreto, no a la ausencia.
  • Dolor o un problema médico. Si ha aparecido de golpe en un perro adulto que estaba bien, la primera cita es con el veterinario.

De dónde viene

Rara vez hay una sola causa. Las que más vemos: un cambio de rutina —una vuelta al trabajo presencial después de meses de compañía constante—, una mudanza, un cambio de familia, o un perro que nunca llegó a aprender que quedarse solo es algo normal y aburrido.

Y una que sorprende a mucha gente: haberle dejado llorar de cachorro hasta que se cansaba. Deja de llorar, sí, pero lo que aprende es que cuando se queda solo nadie viene, y eso no se olvida.

Lo que lo empeora

  • Las despedidas largas. Diez minutos de abrazos y «ahora vuelvo» convierten tu salida en un acontecimiento. Salir es mejor que sea lo más aburrido del día.
  • Reñirle al volver. No conecta el destrozo de hace dos horas con tu enfado de ahora. Lo único que aprende es que además de la angustia, cuando vuelves pasa algo malo.
  • Dejarlo más tiempo «para que se acostumbre». Es como curar el miedo al agua tirando a alguien a la piscina.
  • Traer otro perro para que le haga compañía. A veces ayuda. Bastantes veces acabas con dos perros con el mismo problema.

Cómo se trabaja

Tres frentes a la vez, y ninguno funciona solo.

Que la salida deje de anunciarse. Tu perro sabe que te vas mucho antes de que abras la puerta: las llaves, los zapatos, el orden exacto de lo que haces. Esas señales se vacían repitiéndolas sin salir, hasta que dejan de significar nada.

Tolerancia por pasos pequeños. Muy pequeños. Se empieza por cerrar la puerta y volver a abrirla, y se sube desde ahí, siempre por debajo del punto en el que se angustia. Si un día se pasa, no se avanza: se retrocede.

Y una casa donde valga la pena quedarse. Ejercicio antes de la salida, algo que masticar, comida repartida. No arregla el problema por sí solo, pero un perro cansado y ocupado parte de una situación mucho mejor.

En casos intensos merece la pena valorarlo también con el veterinario: hay situaciones en las que un apoyo médico durante unos meses hace posible el trabajo de conducta que sin él no avanza.

Cuánto tarda

De dos a seis meses, con una particularidad: el avance no es una línea recta. Habrá semanas buenas y de pronto un lunes malo. Una recaída no borra lo anterior, y volver un par de escalones atrás durante unos días es parte del método, no un fracaso.

Lo que no funciona es la prisa. Es el problema donde más gente se rinde a las tres semanas, justo antes de que empiece a notarse.

Quedarse solo también se aprende

Es de los problemas que más desgastan la convivencia y de los que mejor responden con un plan y algo de paciencia. Contadnos vuestro caso y os decimos qué esperar.

Ansiedad por soledad Hablar con el equipo

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